Los sabores, los dátiles

Los sabores, los dátiles

Es muy común encontrarme con pacientes que me dicen que algún alimento no les gusta sin haberlo probado, o al menos en los últimos años. No somos pocos los que de pequeños no le cogimos el punto a algún alimento y de mayores no hemos vuelto a probarlo. Pero el sentido del gusto, como nosotros, madura con la edad. Por eso siempre aconsejo probar alimentos nuevos y no tan nuevos.

Cuando somos pequeños, los diferentes sabores y olores determinan que un alimento nos guste o no, y guardamos ese recuerdo hasta que somos adultos.

El sentido del gusto, y también el olfato(entre los dos forman los sabores) están relacionados con el cerebro, y constantemente intercambian información acerca de los alimentos que tomamos. Por eso a unos niños les gustan unos alimentos y a otros no. De hecho podemos educar a nuestro cerebro para que un alimento nos guste.

Mi historia con los dátiles es parecida. De pequeña me daban “asco”(una palabra que no me gusta nada para hablar de comida, pero muy usada cuando somos peques). Supongo que por su aspecto, textura o porque mi abuela intentaba colarme alguno todas las navidades…

Hace no mucho hice una ruta por montaña, uno de mis compañeros llevaba dátiles y me ofreció. Yo suelo llevar otras frutas desecadas y frutos secos, pero dátiles no compraba nunca. Pero en esta ocasión los probé, y para mi sorpresa me encantó el sabor dulce y la textura tierna y jugosa.

Luego he ido descubriendo que hay diferentes variedades de dátiles y diferentes grados de desecación, con la característica de que el dátil se deja secar en el árbol y no por medios industriales como otras frutas deshidratadas.

Como ya os he contado en alguna ocasión, la ventaja de las frutas desecadas es que aportan una alta concentración de hidratos de carbono casi un 60% de su energía, y poca grasa, menos de 1g por cada 100g. Y además los dátiles tienen bastante cantidad de magnesio, un mineral que interviene en la contracción muscular. También estamos tomando con los dátiles, calcio, potasio y hierro.

Por eso es un alimento muy útil tanto para el día a día (desayunos, meriendas o ensaladas) como para las salidas de bicicleta, montaña, etc.

Tampoco le faltan vitaminas, como la provitamina A, un precursor de la vitamina A y además con efecto antioxidante. También nos aporta vitamina B3, que entre otras funciones interviene en el metabolismo y el aprovechamiento de los hidratos de carbono, vamos que aprovechamos mejor la energía que nos aportan.

Esta energía y su buen aprovechamiento, les hicieron ganarse el nombre de “pan del desierto”, ya que los dátiles formaban parte de la alimentación básica en las caravanas del desierto.

Hoy en día puedes encontrarlos en su versión mas blanda o más seca, al natural con hueso o ya pelados. La elección de un tipo u otro dependerá de tu gusto y de cómo tu cerebro interpreta el sabor, el olor y la textura. A disfrutarlo!

Rosa Del Toro -Nutrición deportiva

Fotografía con Licencia Creative Commons por Personal Creations

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